headerphoto

Antología de poesía colombiana para jóvenes

Selección

Beatriz Helena Robledo,
Alfaguara

En este libro de poesía aparecen indistintamente una noche llena de perfumes, de murmullos y de música de alas, una rosa que fue testigo de un gran amor o míseros poetas temblando ante los vértigos del mar. Aquí la vida se juega o se cambia o los días nos revelan móviles, fértiles, sórdidos, plácidos, lúbricos o lúgubres. Aquí están reunidas estas y otras palabras nacidas de la pluma de poetas colombianos de los siglos XIX y XX. Esta antología de poesía es una invitación de principio a fin para iniciar un viaje hacia las palabras. Ya el prólogo advierte al joven lector las ventajas de dejarse seducir por la poesía, por la aventura de la “palabra hecha ritmo, música, canto”. Y es que esta selección de poemas, de treinta y cuatro escritores colombianos, está hecha para cantarle a los amores perdidos o recuperados, a la escritura, al sentido de la vida, a la naturaleza y a la vida cotidiana, a todos los sentimientos que nos construyen y con los que convivimos. Poetas de todos los estilos integran este volumen dándonos a conocer sus miradas diversas sobre los tópicos propuestos por la seleccionadora. Ésta es concisa y trata de presentar poemas representativos que se constituyen en una especie de “abrebocas” para aquellos lectores que quieran iniciarse en el conocimiento de la poesía colombiana. Vale la pena aprovechar este espacio para rendir un pequeño homenaje a la poeta María Mercedes Carranza, recientemente fallecida, publicando para nuestros lectores uno de los poemas incluidos en la antología:

El oficio de vestirse

De repente,
cuando despierto en la mañana
me acuerdo de mí,
con sigilo abro los ojos
y procedo a vestirme.
Lo primero es colocarme mi gesto
de persona decente.
En seguida me pongo las buenas
costumbres, el amor
filial, el decoro, la moral,
la fidelidad conyugal:
para el final dejo los recuerdos.
Lavo con primor
mi cara de buena ciudadana
visto mi tan deteriorada esperanza,
me meto entre la boca las palabras,
cepillo la bondad,
y me la pongo de sombrero
y en los ojos
esta mirada tan amable.
Entre el armario selecciono las ideas
que hoy me apetece lucir
y sin perder más tiempo
me las meto en la cabeza.
Finalmente
me calzo los zapatos
y echo a andar: entre paso y paso
tarareo esta canción que le canto
a mi hija:
“Si a tu ventana
llega el siglo veinte
trátalo con cariño
que es mi persona”.

1 comentarios:

daniel ballesteros dijo...

muy interesante como reseña sin embargo yo le agraria un resumen mas Convincente que demuestre la calidad de este libro