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CLUBES DE LECTORES: Una propuesta de promoción y de reflexión

CLUBES DE LECTORES:
Una propuesta de promoción y de reflexión1



ASOLECTURA


Introducción
En medios educativos y culturales existe una gran preocupación acerca de
las bajas tasas de lectura de la población. Y aun cuando no es este el espacio para indagar sobre las causas del desinterés por esta actividad, sí podríamos aventurar algunas estimaciones que tienen que ver fundamentalmente con la forma en que la escuela conduce el proceso de enseñanza-aprendizaje de la lectura, haciendo de ella una actividad con fines exclusivamente escolares; con las pocas posibilidades de acceso a materiales de lectura de calidad; con la manera como se invade desde los medios masivos el tiempo de niños, adolescentes y adultos, y con la forma contradictoria en que la sociedad concibe la lectura, como medio de acceso al conocimiento y a la educación, pero a la cual se le destina poco o ningún tiempo y esfuerzo.


1 El presente texto fue elaborado a partir de la propuesta teórica para el programa Clubes de
Lectores que Asolectura presentó al Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá en el año
2001 y de los ajustes y actualizaciones que se han efectuado durante su ejecución, de las reflexiones y seminarios que forman parte de este programa y de conferencias presentadas por Silvia Castrillón en diferentes simposios y seminarios.

Con el objeto de estimular en la población el uso del texto escrito y dar solución a la situación planteada, han surgido múltiples propuestas: desde el ofrecimiento de métodos y materiales para la enseñanza-aprendizaje de la lectura en la escuela, pasando por actividades de fomento de la lectura en la biblioteca y en otros espacios no tradicionales en donde puede darse el encuentro del lector con el libro, hasta campañas de lectura que pretenden sensibilizar a las personas a través de los medios masivos y otras formas de convencimiento.
Sin embargo, muchos estudiosos del problema coinciden en afirmar que con ninguna de las anteriores propuestas, individualmente, se logran resultados satisfactorios y que la mayoría de estas acciones se mueven en dos extremos viciosos: el de una escuela que asocia la lectura a obligación y tarea y el de una biblioteca en donde se privilegian prácticas recreativas que pretenden despojar la lectura de todo lo que la asocie con esfuerzo y dificultad. Por otra parte, las campañas masivas sólo son útiles en la medida en que al mismo tiempo se desarrollen programas concebidos para el largo plazo.
La verdad es que si examinamos los resultados de las acciones emprendidas dentro de la escuela, pero especialmente fuera de ella, en donde se concentra la mayoría de los programas enmarcados en lo que se ha venido llamando la promoción de la lectura, quedamos con la sensación de que el esfuerzo invertido no tiene relación con los resultados, es decir, con una real incorporación de toda la población –o por lo menos de la mayoría–en la cultura escrita. Los resultados se miden por el momento, sólo en el corto plazo, únicamente de manera cuantitativa y sólo en la población infantil.

Marco teórico

El programa Clubes de Lectores, que describimos a continuación partió de la consideración de que era preciso emprender en el país un programa de promoción de lectura que al mismo tiempo se constituyera en espacio para la reflexión, el debate y el cuestionamiento de prácticas para esta promoción.
Este programa tiene también como fundamento el supuesto de que es preciso revalorizar la palabra en todas sus manifestaciones orales y escritas, ya que actualmente parece asediada y depreciada por una sociedad que invita de manera indiscriminada al consumo acrítico de otros lenguajes aparentemente más atractivos y más modernos, pero con seguridad más manipuladores del pensamiento, en la mayoría de los contextos.
En resumen, este proyecto se sustenta en la atención a un tema fundamental: el de la lectura y la escritura de la palabra, entendiendo éstas como procesos continuos de construcción de sentido y de toma de conciencia sobre sí mismo y sobre su situación en el mundo.
Pedro Salinas plantea que:

Se aprende a leer leyendo buenas lecturas, inteligentemente dirigido a ellas, avanzando gradualmente por la difícil escala. Y al final de ella se alcanza a la posesión de una inteligencia formada, de un gusto propio, de una conciencia de lector, personal y libre, que es el único órgano de selección atinado, en el mundo de los libros, y en el otro. (Salinas: 1995, p. 185)

Sociedad y lectura

Se parte del hecho de que el conocimiento es una construcción social que acerca al individuo a sí mismo y a la sociedad y le permite significar e interpretar su mundo y participar activamente en la construcción de su entorno a partir del entendimiento del mismo. Una de las herramientas fundamentales para lograr esta construcción es la escritura.
Leer, de acuerdo con Emilia Ferreiro, no es ya marca de sabiduría sino marca de ciudadanía. También afirma que el ejercicio pleno de la democracia es incompatible con el analfabetismo:

Sólo a partir de una revalorización de la palabra escrita y de su lectura, la ciudadanía podrá llegar al fondo de los diferentes debates que la sociedad necesita para informarse mejor. (Ferreiro: 2001)

Es indudable que en nuestras sociedades existe un nivel muy bajo, y en algunos casos nulo, de participación de los individuos en los diversos procesos de toma de decisiones y de cuestionamiento de las mismas. Este comportamiento tiene su origen en la conformación misma de la sociedad que no ofrece las opciones necesarias para una participación real, activa.
Es necesario entonces, contribuir al desarrollo de la capacidad de leer y escribir que permita a los ciudadanos acceder a la cultura escrita y servirse de ella para mejorar las posibilidades de vida mediante una mirada crítica y creativa de su realidad.
Contribuir también a la consolidación de la sociedad civil, mediante la creación de espacios de discusión, intervención, socialización del conocimiento, en donde la lectura busque, según palabras de Martín Barbero, despertar lo que hay de ciudadano en el consumidor, es decir, crear ciudadanos que sean partícipes y no espectadores del desarrollo.
Sin embargo, cuando se relaciona lectura y ciudadanía nos parece importante aclarar que, en nuestro caso, entendemos que la formación de la ciudadanía no se hace de manera unidireccional en la que el ciudadano es solamente un consumidor pasivo de información, de bienes y servicios, sino un individuo político que encuentra en la lectura un instrumento de reflexión que le permite tener mayor ingerencia en su destino y en el destino de su barrio, de su lugar de trabajo, de la comunidad en la que viven su familia y sus amigos. Un individuo político que asume los riesgos de su participación y de la participación del “otro”. Un individuo que entiende los preceptos establecidos por la sociedad pero que, a su vez y sobre todo, los cuestiona y al hacerlo plantea nuevas posibilidades de convivencia y de construcción de sí mismo y de su entorno.
Julio Barreiro afirma en el prólogo del libro La educación como práctica de la libertad de Paulo Freire:

La alfabetización, y por ende, toda la tarea de educar, sólo será auténticamente humanista en la medida en que procure la integración del individuo a su realidad nacional, en la medida en que le pierda miedo a la libertad, en la medida en que pueda crear en el educando un proceso de recreación, de búsqueda, de independencia y, a la vez, de solidaridad.
(Barreiro en Freire: 1999, p. 14)

La alfabetización va más allá de la decodificación del signo escrito, éste es un requisito para ser lector, más no es el único. Porque si bien es cierto que hay un amplio sector de la población que ha sido alfabetizado, en el sentido utilizado por el sistema educativo, también lo es que una mayoría no hace uso de la lectura lo cual la convierte en iletrada, según categoría establecida por investigaciones recientes en países con altos niveles de desarrollo, que establecen diferencias entre analfabeto, analfabeto funcional e iletrado.
De allí la importancia de que existan lugares, en donde, mediante una práctica socializada de la lectura, sea posible la apropiación de la cultura escrita, en donde los participantes actúen como sujetos activos de un proceso que les permita descubrir, por una parte, sus potencialidades como lectores y escritores, condición necesaria para acceder a la cultura escrita, y por otra, que la lectura les concierne, los convoca y que necesitan de ella, pues lo que observamos es que la mayoría de las personas se sienten rechazadas por la lectura.
La socialización de la lectura comprende no solamente la comunicación verbal sino también –y de manera importante– la comunicación escrita, porque quien lee es un productor de textos, escritos y no escritos.
El monopolio de la sabiduría, que históricamente estuvo en manos de aquellos que sabían leer, ahora, de manera inconsciente, ha sido trasladado a los que saben escribir.
Armando Petrucci dice que:

En el último siglo las campañas de alfabetización de masas, conducidas a niveles nacionales o mundiales (por ejemplo desde UNESCO), en países avanzados o ex-coloniales, han incidido fundamentalmente en potenciar y difundir la capacidad de leer, no la de escribir.
(Petrucci: 2001, p. 597)

Según Petrucci esto es producto de la escuela burguesa, de la Iglesia, del sistema bibliotecario anglosajón y de la industria editorial interesada en la creación de un público cada vez más amplio de personas que lean, no que escriban.
Por lo anterior, la escritura forma también parte de la agenda de los
Clubes de Lectores, aun cuando, reconocemos que esta práctica tiene mayores dificultades.
Por otra parte, el debate, la conversación y la discusión son también prácticas que se estimulan dentro de los Clubes, pues coincidimos con Paulo Freire cuando afirma en el libro La importancia del acto de leer, (1982) que:

Un programa de alfabetización necesita, por un lado, [...] estimular la oralidad de los alfabetizados en los debates, en el relato de historias, en los análisis de datos; y por otro lado, desafiarlos a que comiencen también a escribir. Leer y escribir son momentos inseparables de un mismo proceso: el de la comprensión y el dominio de la lengua y el lenguaje. (p. 56)

No debemos olvidar que nuestra oralidad está profundamente asociada con una tradición escrita y se nutre de ella. Nuestro lenguaje fue instalado por conquistadores que se inspiraron en utopías, aventuras y riquezas que se describían como alucinantes señuelos en las canciones y relatos de su tiempo. Sueños materializados en el nuevo medio de los tipos de imprenta.
(Leonard: 1982, p. 12)

Es decir: la conquista de América se inspiró en libros y se hizo con libros pero de ellos surge una rica oralidad.


Escuela, lectura y sociedad

Teniendo en cuenta que algunos de los Clubes funcionan en la escuela y considerando que las acciones de promoción que se realicen en este espacio
no deberían ser ajenas a los procesos de enseñanza y aprendizaje de la lectura
y la escritura, sino que, por el contrario, deben contribuir a su transformación, estos procesos también son materia de reflexión del programa.
Los modelos actuales de enseñanza de la lectura y la escritura coinciden cada vez más en la necesidad de crear situaciones reales de lectura y escritura para que los diversos actores sociales se apropien de estas prácticas de manera particular, para que las usen en su sentido social. Dice Delia Lerner en su libro Leer y escribir en la escuela: lo real, lo posible y lo necesario:

Lo necesario es hacer de la escuela una comunidad de lectores que acudan a los textos buscando respuestas para los problemas que necesitan resolver, tratando de encontrar información para comprender mejor un aspecto del mundo que es objeto de sus preocupaciones, buscando argumentos para defender una posición con la que están comprometidos o para rebatir otra que consideran peligrosa o injusta, deseando conocer otros modos de vida, identificarse con otros autores o personajes o diferenciarse de ellos
[...] Lo necesario es hacer de la escuela una comunidad de escritores que producen sus propios textos para dar a conocer sus ideas, [...] para protestar o reclamar, [...] para intrigar o hacer reír.
(Lerner: 2001, p. 26)

La clave está en entender que hay que leer para lograr algo: por curiosidad, para encontrar lo que necesitamos, por el simple gusto de hacerlo y recrearnos. En nuestra vida cotidiana leemos siempre por un interés inmediato. Leemos para responder a la necesidad de convivir con los demás, para comunicarnos con el exterior, para hacer cosas, para alimentar y estimular la imaginación, y obtener informaciones que necesitamos y para conocer, para documentarnos y especialmente para entender y comprender al mundo, a nosotros y a los demás. La escritora argentina Graciela Montes dice en La frontera indómita:

Claro que hay muchos para los que el sentido no es algo codiciable, que descreen de las significaciones. No es mi caso, soy de los que creen justamente que la búsqueda siempre difícil, muchas veces dramática y a veces insatisfactoria de significaciones es exactamente
lo que nos compete a las personas.”
(Montes: 1999, p. 50)

Pero si bien es cierto que la lectura comprende todo tipo de formatos, todo tipo de textos, también lo es que la lectura de literatura trae consigo un valor agregado de suma importancia. La literatura expresa y recrea la realidad y por lo tanto, conecta al individuo con todos los entornos posibles. Bien lo afirma Roland Barthes en su Lección inaugural:

La literatura toma a su cargo muchos saberes... Si por no sé qué exceso de socialismo o de barbarie todas nuestras disciplinas menos una debieran ser expulsadas de la enseñanza, es la disciplina literaria la que debería ser salvada porque todas las ciencias están presentes en el monumento literario. Por esto puede decirse que la literatura, cualesquiera fueran las escuelas en cuyo nombre se declare, es absoluta y categóricamente realista: ella es la realidad, o sea, el resplandor mismo de lo real.
(Barthes: 1982. p. 124)

La literatura, constituye el texto por excelencia para una búsqueda del sentido de la vida, su carácter polisémico permite renovar la capacidad de ver el mundo de diferentes maneras. En la medida en que la literatura estimula la imaginación permite diversas miradas frente a la realidad.
Es por ello que la propuesta plantea privilegiar, aunque no de manera exclusiva, la lectura de la literatura frente a otro tipo de textos escritos.


¿Por qué Clubes de Lec tores ?

La socialización de la actividad de leer trae consigo beneficios que multiplican los que de por sí, acompañan a la lectura. La puesta en común de un texto, mediante la discusión, es una de las maneras más eficientes de lograr mejores y más profundos acercamientos a los materiales escritos y, por consiguiente, de despertar el interés por otras lecturas.
Los Clubes permiten aprovechar la oralidad –condición que muchas veces se considera contraria a la lectura y a la escritura– a favor de la lectura creando espacios que permitan aprovechar esta circunstancia para descubrir y disfrutar de los beneficios de la alfabetización.
La mayoría de los procesos de formación de lectores se realizan actuando sobre los individuos de manera autoritaria y sometiéndolos a que reciban pasivamente conocimientos de alguna fuente externa. Los Clubes plantean un proceso de interacción en el que todos son actores. Se basan en el principio de que la socialización de los saberes es vital para la construcción del conocimiento individual y social. Estos lugares en sí mismos deben ser un ejemplo de organización y deben permitir, de acuerdo con la naturaleza misma de la lectura, el ejercicio democrático.
Paulo Freire hablando de las bibliotecas populares como espacios de socialización, plantea:

De ahí la necesidad de (...) crear horas de trabajo en grupo, en donde se hagan verdaderos seminarios de lectura, unas veces buscando el adentramiento crítico en el texto, procurando aprehender su significación más profunda, otras proponiendo a los lectores una experiencia estética...
(Freire: 1982, p.38)

El acompañamiento a las comunidades se hace en el marco de la libertad
y del respeto por sus valores y su forma de leer y construir sentido. Los Clubes de Lectores deben ser espacios no autoritarios ni elitistas, deben ser vehículos de discusión que permitan abandonar por completo el esquema asistencialista, que ha caracterizado a la mayoría de los programas de fomento de lectura, en el que unos pocos ‘que saben’ llevan sus conocimientos a los que ‘no saben’.
Es claro entonces, que se parte del ‘acompañamiento’ a estas comunidades y no de la intromisión autoritaria y por lo tanto, carente del sentido democrático que se pretende.
La propuesta también se basa en la utilización de los libros que circulan en la sociedad gracias a las diversas redes de bibliotecas públicas y otros servicios y programas de lectura pública que funcionan en la ciudad, especialmente el de la Colección Libro al Viento.

La propuesta


Objetivo general
Crear Clubes de Lectores como espacios para la socialización de la
lectura y de la literatura en comunidades –de niños, jóvenes y adultos– poco lectoras, que propicien el interés por la lectura y la adquisición del gusto permanente por esta actividad a partir del diálogo y la conversación sobre diferentes maneras de acercarse a un texto escrito.


Objetivos específicos

• Constituirse en espacio para la experimentación, la reflexión y la evaluación de programas de promoción de lectura dirigidos a transformar prácticas y representaciones de la lectura y la escritura.

• Aprovechar el espacio y la dotación bibliográfica de las bibliotecas para crear en la población interés frente a la lectura y la escritura y conciencia sobre su necesidad.
• Propiciar desde los Clubes de Lectores la transferencia de las experiencias personales de sus miembros a su entorno familiar y social permitiendo la expansión del proyecto.
• Contribuir, a partir del uso de espacio público y de los libros como bienes públicos, al reforzamiento de la conciencia ciudadana y a la creación de tejido social.
• Permitir que jóvenes estudiantes de literatura y otras áreas afines –u otros jóvenes, líderes comunales– se inserten en una red de trabajo comunitario, y se formen como promotores de lectura y como responsables de una acción cívica y cultural.


Descripción del proyect o

Teniendo en cuenta lo anterior, el programa que se presenta pretende crear espacios para la lectura voluntaria de libros elegidos con criterios de calidad que sean movilizadores del interés por esta actividad. Estos espacios, llamados Clubes de Lectores, ofrecen a sus integrantes la posibilidad de participar en una actividad socialmente prestigiosa y de compartir con otros, a través del diálogo y la discusión, diferentes maneras de interpretar un texto escrito. Hay Clubes de Lectores para niños, jóvenes y adultos y cada uno de ellos contará con un acompañante asesorado por asistentes: Ambos estarán previamente formados sobre aspectos relacionados con la lectura y la escritura. Los Clubes están adscritos a las bibliotecas, a los Paraderos para
Libros para Parques y a otras instituciones frecuentadas por la comunidad.


Par ticipa ción d e las bibl iotec as

Los Clubes tienen un valor especial para los programas de promoción de lectura que deben adelantar las bibliotecas públicas. Es conveniente que ellas participen como socias activas en toda su organización y que, en etapas posteriores, puedan hacerse cargo del programa y garanticen su expansión futura y su continuidad.
De esta manera se puede restituir el papel central que la palabra debería ocupar en la biblioteca, especialmente si consideramos que también allí ha sido desplazada por otros lenguajes y medios, debido, entre otras cosas, a los temores de diferente índole que la palabra provoca. Es especialmente importante destacar que existen en la sociedad pocas instituciones que tengan dentro de su objeto el de reconocer y promover el valor estético e intelectual de la palabra.



Formación

Teniendo en cuenta que el programa Clubes de Lectores centra su actividad en la reflexión sobre la lectura, la escritura, sus prácticas sociales y
la promoción de las mismas, se adelanta dentro del mismo un proyecto de formación continua mediante seminarios, conferencias, charlas y debates que se ofrecen a los acompañantes de clubes, sesiones de seguimiento permanentes y entrega de materiales de lectura sobre el tema. Esta formación está dirigida a todos los integrantes de clubes pero especialmente a los asistentes –jóvenes estudiantes de carreras relacionadas con las humanidades– y a los acompañantes –personas que lideran los Clubes.

• Plan de temas y contenidos de los seminarios
Los criterios que deben ser utilizados para la formación de mediadores de lectura son los mismos que hay que pensar para formar lectores, porque si algo deben ser los acompañantes de los Clubes, es ser lectores. La labor como mediadores de lectura no es otra que la de mostrar un camino, que valga la redundancia, es el de la lectura. Es importante tener claro también que cuando se promueven la lectura y la escritura, cuando se promueven los libros, no sólo se está promoviendo la actividad de leer y la de escribir, para ser más específicos, la de leer libros, sino que se promueve el conocimiento del mundo y de sí mismos, es decir, se promueve en primer lugar al ser humano.
En este orden de ideas, los acompañantes de los Clubes de Lectores deben ser esencialmente lectores dispuestos a compartir sus experiencias de lectura.
En los seminarios que se ofrecen a los asistentes y a los acompañantes de los Clubes de Lectores se les brinda la oportunidad de reflexionar acerca de algunos temas relacionados con la lectura, su promoción y los materiales de lectura, tales como:
• ¿Qué es leer? Las diversas prácticas de lectura.

• ¿Por qué leer y escribir?

• La lectura y la escritura como derechos. Lectura y ciudadanía.

• La lectura como experiencia estética.

• ¿Por qué promover la lectura y la escritura?

• Relación de la lectura y de la escritura con la de otros medios masivos
y otros lenguajes no verbales.

• Lugares comunes y estereotipos en la actividad de promoción de lectura.

• ¿Qué leer? Criterios de evaluación y selección de libros.

• La lectura de la literatura.

• La lectura de los clásicos.

• Criterios de organización de los Clubes.

• Criterios de evaluación y metodología para levantar información.


Criterios de evaluación y selección de libros

Es innegable que el mercado editorial crece de manera desbordada. Lamentablemente, no todos los libros tienen la calidad que permita movilizar el gusto por la lectura y una selección no acertada de los materiales de lectura, lejos de acercar a los lectores potenciales, puede distanciarlos de la lectura o crear sólo consumidores acríticos de libros. Es por ello que los materiales de lectura son elegidos cuidadosamente con criterios adecuados.
El proceso de selección debe formar parte de la reflexión, sin desconocer los fundamentos teóricos que privilegian el desarrollo de la autonomía del lector. Se parte de la consideración de que cada programa de promoción, así como cada mediador deben contar con un repertorio básico que crece y se ajusta de manera permanente y que puede ser construido a partir de los siguientes criterios:

• Calidad

Esta constituye el criterio básico. Teniendo en cuenta la dificultad de determinarlo, y con el objeto de evitar que prime la subjetividad, se hace uso de:
• el conocimiento del equipo de profesionales,

• la consulta de listados básicos, publicaciones sobre el tema, experiencias de otros programas y entidades especializadas,
• la consulta con buenos lectores cercanos al proyecto.


• Universalidad y diversidad

La oferta debe representar un criterio de universalidad y diversidad teniendo en cuenta que es necesario poner al alcance de los lectores no sólo lo que conocen o lo que se relaciona con su entorno inmediato, sino abrir perspectivas y establecer horizontes más amplios. La literatura constituye una herencia universal a la que todos tenemos derecho y nadie debería estar excluido de este patrimonio.

• Pertinencia

Con pertinencia nos referimos a que se tienen en cuenta los intereses de los miembros de los Clubes de Lectores, así como sus niveles de lectura y edad, sin menoscabar el criterio de calidad. Es necesario considerar que en los Clubes participan niños, jóvenes y adultos y que muchos están conformados por personas en diferentes situaciones de marginalidad. Sin embargo, este criterio rechaza exclusiones que parten de concepciones elitistas acerca de la supuesta imposibilidad de algunas personas de acceder a lecturas de calidad por consideraciones asociadas con la edad o con otro tipo de marginalidad: pobreza, ignorancia, etc.

• Relevancia

La condición de ser libros que dejarán huella, libros trascendentes, libros que permitan verdaderas experiencias estéticas, también es un criterio de selección de lecturas. “solo lo mejor de lo mejor puede ser suficientemente bueno para la juventud”.2
Sin embargo, todos estos criterios se aplican, no con el objeto de colonizar al lector ni de reemplazar su autonomía para la elección. Se trata de hacer un acompañamiento para que los lectores construyan ellos mismos sus propios criterios y de hacer un contrapunto a la baja calidad que el mercado y la sociedad ofrecen en buena parte de sus ofertas culturales homogeneizadoras.
Igualmente en los Clubes conformados por maestros se tiene en cuenta que esta población juega un papel multiplicador en el proceso lector. Se hace énfasis en la lectura de libros de literatura infantil –y la profesional sobre ella– como una herramienta que sirve para acercarlos a ellos mismos a la lectura.

Por todo lo anterior, el Programa Clubes de Lectores se constituye también como una escuela de mediadores de lectura y escritura en donde éstos se forman de manera permanente con la lectura, el debate, la reflexión, tanto de textos de literatura como de otros textos sobre la lectura, la escritura y la literatura.


2 Mare, Walter de la, citado por Peter Hunt en El crítico en el autor. En: Un encuentro con la
crítica. Caracas, Banco del Libro, 2001.


Referen cias bibliogr áfica s

Barthes, Roland (1982). Lección inaugural En: El placer del texto. México: Siglo
Veintiuno Editores.

Barreiro, Julio (1999). Prólogo. En: La educación como práctica de la libertad. México: Siglo Veintiuno Editores.
Ferreiro, Emilia (2001). Pasado y presente de los verbos leer y escribir. México: FCE. Freire, Paulo (1982). A importância do ato de ler. Sao Paulo: Autores Associados:
Cortez.

Lerner, Delia (2001). Leer y escribir en la escuela: lo real lo posible y lo necesario.
México: FCE.

Leonard, Irving A. (1982). Los libros del conquistador. La Habana: Casa de las
Américas.

Mare, Walter de la, citado por Peter Hunt en El crítico en el autor. En Un encuentro con la crítica. Caracas: Banco del Libro, 2001.
Montes, Graciela (1999). La Frontera indómita. En: La frontera indómita y otros textos.
México: FCE.

Petrucci, Armando. Leer por leer: un porvenir para la lectura. En: Guglielmo Cavallo y
Roger Chartier. Historia de la lectura en el mundo occidental. Madrid: Taurus,
2001.

Salinas, Pedro (1995). El Defensor. Bogotá: Editorial Norma.

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